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Cremación

Historia - Parte de una serie
Parte 8: Esta página

El domingo 2 de octubre del 2022, médicamente estábamos listos para salir, pero queríamos más tiempo con Abby, pasamos todo el día con ella. Dessireé preguntó sobre la posibilidad de tener un sacerdote para bendecir a Abby y nos dijeron que podía llegar en la tarde.

En la mañana llegó a visitarnos un capellán del hospital, nos dió el pésame y nos contó sobre una experiencia similar por la que atravesó una de sus hijas, y que como abuelo entendía el dolor por el que atravesamos, porque la pérdida de un nieto también fue devastadora. Nos dijo que no estábamos solos. En la tarde llegó el padre y bendijo a Abby.

Cuando estuvimos listos, pedimos que llamaran a la funeraria que habíamos elegido. Al llegar, pusieron a Abby en un pequeño ataúd blanco envuelta en su cobija. Les dimos algunas cosas para cuando llegara el momento de cremarla, entre ellas un peluche de una conejita con un lazo rosado que su abuela tejió para ella. Dejar ir su cuerpo y confiar en que la cuidarían hasta llegar el momento de su cremación fue increíblemente duro, aunque sabíamos que ella ya no estaba allí. Cerramos el ataúd con un lazo de color verde olivo y nos despedimos.

Tener que salir del hospital sin nuestra hija y pasar esa primera noche en casa solo nosotros dos se sintió como vivir en otra dimensión. Estábamos acostumbrados a ser tres.

Al día siguiente fuimos a la funeraria para decidir los detalles de la cremación, en ese momento pensamos que podríamos tener las cenizas con nosotros el mismo lunes, pero no fue así, el primer espacio disponible era para el siguiente viernes (7 de octubre) a las 10 am. Fue muy doloroso pensar en Abby sola, su cuerpito decayendo por todo ese tiempo.

Ver a Abby en su ataúd fue extremadamente difícil, ya que los cambios físicos asociados con la muerte podían observarse. Con mucho cuidado, le pusimos a Abby el vestido blanco que habíamos elegido en el hospital, le dimos un último beso en su cabecita y le dijimos adiós.

El miércoles, en un vuelo desde Costa Rica, llegó nuestra familia para apoyarnos. Hubiésemos querido que pudieran estar con nosotros antes para conocer y sostener a Abby pero no pudo ser. Con ellos esperamos hasta el día de la cremación, que contrario a lo que pensábamos era un poco lejos, en un pueblo llamado Danville a unos 40 minutos de casa.

Antes de que empezara la cremación, vimos nuevamente el ataúd blanco donde estaba Abby, esta vez cubierto con una manta que habíamos elegido en el hospital. El personal de la funeraria puso el pequeño ataúd blanco en la máquina y se veía diminuto.

Después de que la cremación inició, nos esperaba una sorpresa más, nos dijeron que no podríamos llevarnos las cenizas de Abby ese día sino hasta el lunes siguiente por que aún no tenían la urna que habíamos seleccionado. Después de discutirlo, aceptamos una urna temporal con tal de poder tenerla con nosotros al día siguiente. Solo queríamos a nuestra bebé en casa.

El sábado por fin pudimos respirar, la funeraria recibió la urna seleccionada a tiempo y por fin pudimos traer las cenizas de Abby a casa. Que sus restos descansen en nuestra casa nos dió paz. Seleccionamos un espacio especial en la casa para poner su urna, su foto, sus peluches, sus libros y la cajita con todos los recuerdos del hospital, y de esa forma poder tenerla siempre muy cerca de nosotros.

Nuestro amor por Abby nunca morirá.

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