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Cuarto aniversario

Hace cuatro años que Abby murió. Increíble… Se siente como si hubiera sido ayer y, al mismo tiempo, como si hubiera pasado toda una vida.

Ella debería estar aquí, peleando y jugando con sus dos hermanitos. Pero no está.

Aunque mucha gente lo crea, el tiempo no cura la herida de perder a un bebé. Al contrario, la amplifica. Amplifica todo el tiempo que no has estado a su lado y todos los besos de buenas noches que no le has dado. Amplifica cada etapa que nunca pudiste ver vivir a tu hija. Amplifica cuánto la has extrañado en estos cuatro años desde el día en que murió. Amplifica cuánto la amas. Y el dolor… Dios mío, el dolor. Su pérdida todavía duele como si hubiera sido ayer. Pero la gente no lo entiende. Algunos hasta preguntan cuándo vas a dejar de sufrir, como si el duelo y el amor tuvieran fecha de caducidad. Olvidan que tu hija existió en este mundo, aunque haya nacido sin vida. También olvidan que desde ese día ya no eres la misma persona que eras antes de la pérdida. Creen que, como ya pasaron cuatro años, el dolor se fue y ya no hace falta mencionar su nombre. Creen que, porque tienes otros dos hijos y a veces sonríes, ya volviste a ser feliz, como si un hijo pudiera reemplazar a otro. El dolor no ha desaparecido. Sigue ahí, fuerte y claro, a pesar de los momentos de felicidad. A tu corazón siempre le faltará un pedazo.

Ojalá nadie tuviera que pasar por lo que nosotros pasamos. Pero si no has perdido a un hijo, puede ser muy difícil entender lo que sentimos y ser parte de nuestra vida. A veces no es fácil para nosotros mantener el contacto o estar cerca de quienes no lo entienden. La vida nos cambió. No para bien ni para mal, simplemente nos cambió. Quiero creer que nos hizo más sabios y nos quitó la venda de los ojos. Ahora sabemos quién de verdad se preocupa por nosotros y por nuestra pequeña familia, y quién no. Después de cuatro años sin Abby, hemos aprendido a sobrellevar el dolor, a vivir con él y a volver a sonreír. Pero el dolor no desaparece. Uno crece alrededor de él. Vives tu vida con el duelo y el dolor conviviendo dentro de ti. Tu vida crece a su alrededor, aunque tu círculo de personas se haga más pequeño. Te quedas cerca de quienes entienden tu dolor y te permiten vivir tu duelo, y vas dejando atrás a muchas personas que no te ayudan a sobrellevarlo o que no lo entienden, ya sean familia cercana, familia lejana o quienes alguna vez fueron tus mejores amigos. Es imposible saber quién se quedará en tu vida y quién se irá. En realidad, no es tu decisión. Es la decisión de la otra persona.

Cada año, en el cumpleaños de Abby, tratamos de publicar una foto suya que muestre cuánto la amamos y en la que se vea muy bonita, como una pequeña princesa.

Este año, en cambio, queremos mostrar nuestro sufrimiento y nuestro dolor, para que la gente intente entender lo que vivimos. Dolor en carne viva, para que nadie lo olvide. Ese dolor que nunca se puede describir con palabras. Ese dolor que te hace gritar como gritaste cuando te enteraste de que tu bebé ya no estaba con vida. No nos da vergüenza mostrar nuestras lágrimas, porque la vida a veces es triste y a veces es feliz, y está bien mostrarlo. A las mamás y los papás que han perdido a un bebé o a un hijo: ustedes saben exactamente de qué hablamos. Compartimos su dolor. Somos ustedes.

Quisiéramos que nuestra publicación de este año fuera distinta, pero la vida nos ha enseñado que cuando uno se queda callado, la gente asume que ya estás feliz y hace como si tu bebé que murió nunca hubiera existido o nunca hubiera importado, al menos no como importan tus otros hijos vivos.

Como papás de Abby, hacemos muchas cosas en familia para recordar y honrar a nuestra hija todos los días, pero aun así nunca parece suficiente. Sabemos que Abby no necesita nada, y nada de lo que hagamos va a cambiar eso, pero a veces uno se siente culpable de que la vida siga sin ella. Como padres en duelo, intentas mantener viva su memoria. Les cuentas a tus hijos que ella era su hermana mayor. Pones su nombre en todo, para al menos verlo escrito en algún lado. Le escribes cartas cuando tienes un momento de calma. Le cuentas cómo te fue en el día, haya sido bueno o malo. Tu peor miedo es que el mundo la olvide.

Cuando la gente, sobre todo la más cercana, decide dejar de decir su nombre o de mencionarla de cualquier forma, o se olvida de fechas importantes como su cumpleaños o el aniversario de su muerte, después de apenas cuatro años, sentimos que le estamos fallando como padres. Pero esa falla no es nuestra. Es de ellos.

Te amamos, Abby. Siempre estás en la mente y en el corazón de tu mamá y tu papá.

Recordándote en tu cuarto aniversario pequeña.

Dessiree
Dessiree
Sergio
Sergio